Woody Allen y las mujeres que amamos de sus películas

Woody Allen y las mujeres que amamos de sus películas
Woody Allen y las mujeres que amamos de sus películas. (Foto: Difusión)

Síguenos en Facebook



Lima. Woody Allen es uno de los mejores directores de actrices del cine contemporáneo. Su filmografía está plagada de inolvidables personajes femeninos que tienen una cosa en común: su arrebatadora belleza. Aunque su obsesión ha ido más allá, porque hasta encontrar la estabilidad sentimental junto a Soon-Yi sus musas en el cine han sido también sus mujeres en la vida real. Hablamos de Louise Lasser, Diane Keaton o Mia Farrow.

En el marco del cumpleaños de Woody Allen, recordamos algunos de sus personajes femeninos inolvidables para nosotras, porque más allá de la genialidad de sus creaciones, cada una de sus mujeres nos ha dado una gran lección.

Louise Lasser en `Bananas ´: la novia de juventud

Tras un matrimonio de seis años con Harlene Rosen, Woody Allen se enamoró de Louisse Lasser, una alocada rubia de veintiún años que estudiaba Ciencias Políticas y se convirtió en musa de sus primeras películas, una sucesión de sketches en el que las mujeres quedaban reducidas a un segundo plano como primer amor de juventud. En Bananas (1971), una sátira de las revoluciones de América Latina, interpretó a una activista radical y en Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972) a una frígida que solo se excita cuando practica sexo en lugares públicos.

“Durante los años que estuve con ella hice la transición de escritor a humorista” confesaría él. Y añade: “Con Louise asumí la ciudadanía de Manhattan. Ella fue la que me puso en contacto con la vida de ciudad como persona, no como alguien que está intentando abrirse camino”. Su carrera posterior quedó relegada a la televisión y apariciones como la de Happiness (1998), donde interpreta a la madre de las tres protagonistas.

Diane Keaton en `Annie Hall´: la neoyorquina intelectual

Diane Keaton y Woody Allen se conocieron en 1968 durante los ensayos de la obra Play it again Sam, que luego protagonizarían en el cine bajo el título de Sueños de un seductor (1972). Su relación fue breve pero fructífera. La más emblemática de las ocho películas que hicieron juntos es Annie Hall (1977), una comedia romántica llena de novedosos hallazgos expresivos que Allen escribió en su honor cuando ya no estaban juntos. Con ella ganaron cuatro Oscar en las categorías principales y nació un nuevo icono de mujer: urbanita, culta, independiente, divertida y con un estilo de vestir (entre sofisticado, estrafalario y andrógino) que la actriz puso de moda y ha mantenido hasta hoy.

“Diane puede conseguir que cualquier cosa resulte divertida” confiesa Allen. “Diane es capaz de explicarte un viaje al kiosco de la esquina para comprar el periódico y te hace reír, porque hay algo muy divertido en su forma de comportarse”. Su difusa separación, sobre la que nunca dieron muchas explicaciones, fue amistosa. La prueba es que después de su divorcio con Mia Farrow volvieron a colaborar en la divertidísima Misterioso asesinato en Manhattan (1993).

Mariel Hemingway en `Manhattan´: la lolita seductora

La joven (por no decir adolescente) que hace perder los papeles a un hombre maduro en plena crisis vital es una figura recurrente en el cine del director. En Maridos y Mujeres (1992) Juliette Lewis tenía un affaire con su profesor universitario (Sydney Pollack) y en Si la cosa funciona (2009) Evan Rachel Wood encontraba cobijo en un pesimista cascarrabias. Pero de esta lista de lolitas la más icónica es la que Mariel Hemingway (nieta del famoso escritor) interpretó a los 16 añitos en Manhattan (1961), una de las obras maestras del cineasta. La despedida final es uno de los momentos más inolvidables de la película.

Allen quedó tan prendado de ella que dijo: “Tiene el rostro más maravilloso que haya visto jamás. Un rostro que es mucho más hermoso al natural que como resulta en la pantalla, porque en Manhattan no está maquillada”. La actriz estuvo nominada al Oscar, pero su carrera posterior quedó reducida a un puñado de títulos intrascendentes.

Mia Farrow en `Hannah y sus hermanas´: la cándida engañada

Nunca antes una actriz había protagonizado tantas buenas películas en tan poco tiempo. Cada una de las doces mujeres que Mia Farrow interpretó durante los doce años que estuvo con Allen fue un auténtico bombón, un regalo eterno. Por eso resulta imposible quedarse con una, aunque las más emblemáticas y cautivadoras fueron la soñadora de La rosa púrpura del Cairo (1985), la ricachona de Alice (1990) o la sufrida de Hannah y sus hermanas (1986). Cada una de ellas es diferente, pero todas tienen buen fondo y son engañadas por sus maridos. Para Allen su esposa era sinónimo de bondad y fragilidad. “Mia es una actriz extraordinaria. Aparece y siempre es capaz de hacer lo que se le pide” explica. “Es una persona muy dulce. Llega al plató y se pone tranquilamente a coser y a continuación se pone la peluca y las gafas de sol, o lo que sea, y es capaz de gritar como una energúmena y clavarle a uno un cuchillo en la nariz… y después vuelve a enfrascarse en sus labores rodeada de niños huérfanos”

En Hannah y sus hermanas, uno de sus mayores éxitos comerciales, interpreta a una actriz de teatro que intenta mantener la paz familiar mientras aguanta como su marido (Michael Caine) tiene una aventura con una de sus hermanas. Allen se inspiró en la familia de Mia e incluso utilizó la casa de esta como plató. En sus memorias la actriz escribió lo siguiente: “Un año después estaba en la cama por la noche cambiando de canales cuando justo por azar sintonicé por azar mi dormitorio en la habitación, la misma cama en la que me encontraba y yo misma. Incluso vi el televisor en el televisor. Creo que dejé escapar un grito”. La premonitoria Maridos y mujeres (1992) fue su última colaboración juntos antes de una separación más estrambótica que cualquier ficción.

Gena Rowlands en `Otra mujer´: la madura en crisis.

Mia Farrow no pudo interpretar un papel escrito para ella porque estaba embarazada de siete meses del único hijo biológico de Woody Allen. Ante esto el cineasta decidió subir la edad del personaje a cincuenta años y robarle la musa a John Cassavetes, la monumental Gena Rowlands, que en Otra mujer (1988) realiza uno de sus trabajos más complejos. En ella interpreta a una profesora universitaria de filosofía que atraviesa un fuerte bloqueo afectivo en el que hace balance de los errores que ha cometido en su vida mientras descubre que su marido le es infiel. Esta fue la primera incursión en el drama de corte bergmaniano que convenció a la crítica tras las fallidas Interiores (1978) y Septiembre (1987).

Mira Sorvino en `Poderosa afrodita´: la prostituta ingenua

“El universo se desintegra. ¿Sabes lo que es un agujero negro?” “Sí, con lo que me gano la vida”. Este diálogo de Desmontando a Harry (1997), la clase de felación que le dan a Judy Davis con una banana en Celebrity (1998) o las salidas de tiesto de Penélope en A Roma con amor (2012) son la prueba de las grandes dosis de comedia que las prostitutas han introducido en el cine de Allen, que las ha presentado como chicas vulgares y horteras, pero adorables, cándidas y graciosas. El máximo exponente de esto es Mira Sorvino en Poderosa Afrodita (1995), una comedia con fondo de tragedia griega que resulta hilarante gracias a ella.

La actriz, un diamante en bruto pulido por Allen que ganó el Oscar, el Globo de Oro y el Bafta, se tomó su papel muy en serio. “Para preparar el papel me fui en tren a Filadelfia y me vestí de forma parecida a como se vestía ella. Me paseé con tacones altos, un jersey bastante llamativo y unos leotardos de un color muy atrevido” rememora. “Cuando leí el guion me di cuenta que podía jugar con la voz y así lo hice: opté por una voz extraña, rara, pero nada sexy…”. Su carrera posterior no ha estado a la altura y ella siempre será tierna prostituta Linda.

Scarlett Johansson en `Match Point´: la femme fatale

La última en sumarse a la lista de musas reincidentes es Scarlett Johansson. Pocas veces una actriz ha reflejado tan bien la ambición en pantalla como ella en Match Point (2005), la película que reconcilió a la crítica y al público con Allen tras varios (demasiados) títulos menores. En ella la rubia se convierte en oscuro objeto de deseo de una historia negra como el carbón: una perfecta mezcla de sensualidad y frialdad. “Es guapa, sexy, divertida, buena actriz, canta… lo tiene todo, la verdad”. El genio se deshace en elogios hacia ella. Tanto que volvió a dirigirla en Scoop (2006) y Vicky Cristina Barcelona (2008).

Penélope Cruz en `Vicky Cristina Barcelona´: la latina loca

Puede que sus colaboraciones no pasen de anecdóticas, pero Penélope Cruz, aparte de ser un orgullo nacional, ha puesto algunas de las notas más excéntricas y celebradas en su filmografía más reciente. En Vicky Cristina Barcelona (2008) se comía con patatas al resto de actrices. Sus desatadas apariciones como la celosa María Elena llenaban de carcajadas una función bastante soporífera, algo que no pasó desapercibido en Hollywood, que la recompensó con el Oscar. Algo parecido volvió ocurrir en A Roma con amor (2012), donde la prostituta Anna nos regalaba los pocos momentos memorables de este panfleto turístico. “Cuando supe que ella estaría en la película aumenté el papel todo lo posible, porque lo hace tan bien. Es un pedazo de estrella de cine. Tan carismática, tan guapa, tan buena actriz. Soy muy afortunado” confiesa Allen.

Marion Cotillard como Adriana en Medianoche en París

Midnight in Paris fue la película sorpresa del año 2011 y no es para menos. Verla es como colarse en un sueño y tener la certeza de que cualquier tiempo pasado fue mejor. El director Woddy Allen nos transporta al París mítico de los años 20, a la ciudad que fue, durante esa década, capital del arte y la cultura.

Gil Pender (Owen Wilson) es un guionista de cine y escritor frustrado que viaja a París con su prometida antes de su boda. Sueña con vivir en la ciudad de la luz y cree que allí podrá hallar la inspiración para escribir la novela que está preparando, tal como otros escritores la encontraron en esta ciudad. Inez (Rachel McAdams), su novia, es una chica de clase acomodada que no comparte las ilusiones de Gil y desea establecerse en Nueva York.

En una de las salidas de la pareja, Gil, de camino al hotel se pierde. A medianoche, un coche se para invitándole a subirse. Es cuando comienza un viaje por el tiempo hasta los años 20. Una pasarela de artistas desfila ante un atónito Gil que no sale de su asombro al ver a los autores que tanto admira, junto a otras figuras importantes de la época: el matrimonio Fitzgerald, Ernest Hemingway, Man Ray, Gertrude Stein, y los españoles Luis Buñuel, Pablo Picasso, Salvador Dalí y Juan Belmonte.

Pero, ante todo, Gil queda prendado de la bella Adriana de Burdeos (Marion Cotillard), a quien ve como su alma gemela. Con ellos también nos trasladamos a otro tiempo, a la Belle Époque, el período anhelado por Adriana y en el que desea permanecer.¨

Cate Blanchett en `Blue Jasmime´

La australiana Cate Blanchett aterriza en el planeta Woody Allen. Protagonista de Blue Jasmine, cierra de momento una nómina copiosa donde se cruzan musas, compañeras sentimentales y futuras estrellas que han hallado en la dramaturgia del cómico su primer trampolín y confirmación profesional. Blanchett se une a esta galería de rostros, seductores y neuróticos, que confirman la sabiduría de Allen a la hora de crear personajes femeninos para la pantalla. Un director convertido en una especie de talismán para muchas actrices.

Fuente: Yahoo



Ver comentarios (...)

Más en Todo Mujer

Lo más visto

Ir a portada