"Huachaferías" en la cama: Las cursilerías masculinas

Huachaferías en la cama Las cursilerías masculinas
"Huachaferías" en la cama: Las cursilerías masculinas. (Foto: Difusión)

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Lima. Los varones andaban regocijándose ante tanta ostentación femenina de forzada lujuria. Creían vivir ajenos a todo mal gusto, prefieren siempre pavonearse de dejarnos exhaustas de tanto placer.

En la mente masculina es imposible imaginarse emulando en el lecho a un actor porno (el cine triple xxx heterosexual apenas los enfocan, el porno hetero es solo para diversión masculina) o fingiendo un orgasmo exagerado, pues se verían ante sí mismos totalmente cursis.


Sin embrago, ellos tampoco se escapan del pecado de la huachafería al presumir u ostentar algo que no poseen. Las cursilerías masculinas van cargadas de testosterona, un gran ego y mucha vanidad.

*¡Atención hombres!*Aquí algunas de las más comunes, frecuentes y habituales huachaferías en las que ustedes caen en el ring de la pasión.


No quitarse las medias
El error recurrente de todos los varones. No sabemos a ciencia cierta si es por algún pudor mental o el apuro del calentón pero casi todos los hombres caen en la cursilería de llegar a la plena pasión con los calcetines puestos, estirados en su totalidad sin importar el diseño, color y textura de los mismos. Nada más huachafo que en la desnudez del amor les provoque abrigarse los piecitos. A veces nos toca cerrar los ojos para no desanimarnos.

Los falsos Latin Lovers
Vivimos en una cultura sexual diseñada para satisfacer a los varones y ellos se preocupan poco por complacernos. Nosotras compartimos la culpa pues solemos callar ante la falta de pericia, técnica y buenas artes de nuestros compañeros; por tanto, ellos viven engañados con la sobrevaloración de su capacidad amatoria. Muchos desconocen el lugar exacto del punto G, las zonas femeninas más sensibles y en el colmo del desconocimiento ignoran el nombre correcto del clítoris sustituyéndolo por el de clíctoris.


Nada más ajeno al buen gusto que alguien quien presume de ser un verdadero Latin lover en la cama con capacidad de estremecer a la más frígida, no sepa tocar, besar o lamer la delicadeza íntima de una dama, y en realidad no sea más que un mal amante petulante (hasta una rima salió).

Narcisistas sexuales
El narcisismo evoca el amor hacia uno mismo, en psicoanálisis representa una forma específica de relacionarse con la sexualidad. Cuenta el mito que Narciso murió mientras observaba embelesado su belleza en el reflejo del agua. Pues exactamente igual que Narciso, hay algunos hombres extremadamente fatuos que mientras están en plena posesión de su chica se excitan con su propia imagen reflejada en el espejo. Es natural ver y excitarse mientras haces el amor, pero se excitan con ver sus propios cuerpos en el acto. Adoptan poses (estilo Charles Atlas) mientras penetran a su mujer, hacen gestos y ademanes de supuesta sensualidad que cuando una pesca la escena, indudablemente pierde el gusto por el momento y desea carcajearse hasta llorar.

Buscando falsas respuestas
Hombres de mundo, inteligentes, experimentados y con amplio bagaje sexual cometen el ridículo error de hacer preguntas totalmente cursis condicionando la mentira como respuesta.

Como por ejemplo: ¿te gusta mi termómetro?, ¿habías visto uno tan grande?, ¿te derrites por tocarme la flauta? ¿Nadie te ha tocado como yo?, ¿extrañaste a Junior y a sus gemelos?, ¿quieres comerte el coso de papi?, ¿tienes miedo de mi garfio? E inventan cuanta pregunta tenga por respuesta un halago a su virilidad.

Tanto hombres como mujeres sucumbimos ante la cursilería de pretender ser, sentir o decir algo que no somos, sentimos o pensamos con el único fin de quedar excelente ante los ojos de nuestro amante. Hemos convertido el desempeño sexual en una constante competencia para impresionar al otro basándonos en estereotipos ficticios que lo único que hacen es alejarnos de la comodidad, confianza y del placer de ser uno mismo durante el sexo.

No hay nada más placentero que despojarnos de toda atadura mental para disfrutar de nuestra sexualidad.

Por Mónica Cabrejos en Ni Puta Ni Santa



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