Ellas Dicen: Reconstruyendo un corazón

Ellas Dicen Reconstruyendo un corazón
Lo que debes saber luego de una ruptura. (Foto: Ellas Dicen)

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Lima. Dejaste y sacrificaste tanto para que todo esté bien entre ustedes dos… te quedaste callada cuando querías gritar, controlaste todos tus demonios para no “perderlo” (pero terminaste perdiéndote tú misma y ahora estás peor que la mamá de Marco).

Haces un esfuerzo para arreglarte porque no tienes ganas ni de levantarte, pero lo haces porque en algún momento de tu vida leíste algo que decía “En vez de ponerte triste, ponte más bonita” así que lo intentas y sales de tu casa, porque tienes que hacer muchas cosas y claro, tu vida no se puede detener por él… (¿o sí?)

De pronto, es como si todo el maldito mundo se hubiese puesto de acuerdo para recordarte a él: la canción en el micro (¡Carajo! Juuuuuusto ESA canción) te pones los audífonos abres tu playlist de siempre y ¡PUM! Empieza la canción que te dedicó cambias de canción y cuando te das cuenta, la voz de Nicole Pillman empieza a cantar “es que si yo vuelvo contiiiigoooooo, tú seguirás matándomeeeeee con tus mentiras y maldades, con tus infidelidadeeees, ya no sé qué voy a haceeer” se te sale una lágrima más (no seas floro, en serio fueron como 50) y te preguntas por qué.

La gente te mira, y te das cuenta de que estás llorando en público… te limpias los mares de la cara y miras hacia la ventana mientras te preguntas (de nuevo) por qué te tuvo que pasar esto a ti, que lo amas tanto, que siempre diste todo de ti y tuviste fe, SIEMPRE.

Llegas a tu destino, ves su inicial en todos lados, los números de las
cuadras/edificios te recuerdan a la fecha de aniversario (y viene el flashback: te acuerdas hasta de cómo fue el primer beso que se dieron), checas la hora en tu reloj/celular/ipod y juuuuuuuuusto son las 11:11 y pides un deseo.

Pides tener la fuerza para seguir adelante; pides eso, con todas las fuerzas que te quedan, mientras sueltas un suspiro y bajas del micro. Empiezas a caminar y recuerdas que estuviste en ese restaurant con él, y que cuando estaban comiendo te dijo que te amaba y que jamás te haría daño (suspiras), sigues caminando y cada paso que das, lleva su nombre (apellido, fecha de nacimiento, etc).

Terminas de hacer tus cosas (mientras te deshidratas llorando en silencio), llegas a casa y tu familia ya sabe que definitivamente debes estar bien hasta las huevas emocionalmente para tener los ojos tan hinchados y la cara tan larga.

Vas a tu cuarto, porque aunque te mueras por no querer estar sola, buscas la soledad. Te arrinconas, vuelves a llorar y escuchar todas las canciones cortavenas/depre/emo/memuerositúnoestásacá que conoces y hasta pides que te recomienden nuevas.

Te desgastas, te matas, tú sola… poco a poco, en cada oportunidad que encuentras; en cada segundo.

Pasan los días, semanas y el tiempo empieza a correr. Cuando por fin piensas en que quieres mandar todo a la mierda porque ni tú te imaginaste que en algún momento de tu vida estarías tan arrastrada y deprimida, “algo” sucede.

Te acuerdas de ti. Te das cuenta de que te estás comportando como una tonta/cojuda y que extendiste la etapa del “duelo” más de lo debido. Te das cuenta de que tenías una vida antes de estar con él, de que el mundo no gira a su alrededor.

Suspiras y empiezas a hacer una lista mental de todas las personas que te quieren y siempre han estado ahí, te das cuenta de que esas personas valen mucho más que aquella que te hizo tanto daño. Te das cuenta, de que ya llegó el momento de salir de tu miseria y que sin duda alguna… eres una mujer que aunque se ha sacado el ancho, largo y todo emocionalmente, pero siempre puedes volver a empezar.

Te das cuenta, de que ya fue suficiente de toda esa mala vibra y que necesitas volver a ser tú misma, encontrarte, reconstruirte y brillar. Sientas las ganas de ya no tener ganas de estar como estás.

Así que te liberas de todas tus cadenas invisibles, cuya llave imaginaria habías escondido en tu corazón destrozado, pero que ahora está en “reconstrucción”. Empiezas a sentirte viva de nuevo; poco a poco todo aquello que te destruía, empieza a darte las fuerzas que pediste. Sonríes y te dices a ti misma “Ya es hora de seguir adelante”.



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