La historia detrás del icónico cartel “We Can Do It” que inspira a muchas mujeres

La historia detrás del icónico cartel “We Can Do It” que inspira a muchas mujeres
La historia detrás del icónico cartel “We Can Do It” que inspira a muchas mujeres. (Foto: Difusión)

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Lima . Bajo el lema “Nosotras podemos hacerlo!” estas mujeres se convirtieron en soldados de las fábricas de producción del denominado “frente interno”.

Fueron las responsables directas de la construcción de cientos de tanques, jeeps, municiones y partes vitales de bombarderos y buques como los famosos “Liberty Ships”.

El personaje se considera un icono feminista en los EE.UU. del que hasta se han hecho emisiones filatelicas, artículos de regalo y diversas modificaciones con fines propagandísticos.

Geraldine Doyle tenía 17 años cuando, al igual que hicieron 18 millones de mujeres estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, se sumó a los esfuerzos de la guerra y empezó a trabajar en una fábrica metalúrgica próxima a Ann Arbor (Michigan).

Llevaba sólo unos días en el tajo cuando se topó con ella un fotógrafo de United Press International que retrataba la contribución femenina a la contienda.

Su fotografía fue utilizada por el ilustrador J. Howard Miller para realizar el cartel encargado por el gobierno donde aparece, con una cinta roja atada en el pelo, subiéndose las mangas de la camisa para mostrar sus músculos. “Podemos hacerlo” (“We can do it”), dice.

El póster, conocido popularmente como Rosie the Riveter, Rosie la remachadora, por la canción que inspiró, se hizo célebre en los años 80, cuando se apropió de él el movimiento feminista y la imagen pasó a simbolizar la igualdad de sexos.

Según cuenta The New York Times, la mujer desconocía la existencia del poster hasta 1982, cuando al hojear una revista vio la fotografía y se reconoció. Eso sí, sólo era suyo el rostro. “No tenía unos brazos grandes, musculosos”, explicó su hija. “Era muy delgada, una niña glamourosa. Las cejas arqueadas, labios bonitos, la forma de la cara: esa era ella”.

De hecho, sólo trabajó en aquella fábrica dos semanas. Otra trabajadora se había lesionado las manos en la metalúrgica y le dio miedo que le ocurriese lo mismo, pues Doyle tocaba el chelo. Un año después, en 1943, conoció a su marido, con quien fundó una clínica dental.