afronta en su propio terreno una en la que los últimos resultados han desatado la euforia, soportada en la dinamita de un ataque encarnado en la figura de Antoine Griezmann, pero matizada en los últimos días por las dudas que suscita la defensa.

Las bajas de Raphael Varane y Jérémy Mathieu en los últimos días, se suman a la de Mamadou Sakho, sospechoso de dopaje, lo que le dejan sin algunos de sus hombres más asiduos en la defensa y le obligan a improvisar.

En ese contexto, Laurent Koscielny se perfila como el principal pilar defensivo y, las circunstancias deben asociarle al sevillista Adil Rami, convocado a última hora pese a que no era un asiduo de las listas de Deschamps.

Karim Benzema, ausente tras estar imputado por complicidad en un presunto intento de chantaje con un vídeo sexual a Mathieu Valbuena, y Frank Ribéry, que decidió acabar con su carrera internacional, han dejado al seleccionador sin dos de sus opciones con más experiencia en duelos internacionales de alto voltaje.

Dos bajas que en otra selección hubiera hecho mucha sangre pero que Deschamps ha gestionado apostando por la fuerza del grupo, su prioridad a la hora de conformar la lista.

Sin ellos, Francia pierde dos piezas de calidad, pero su ausencia hace resurgir a un grupo que, además, no está exento de estrellas.

Deschamps cuenta con Antoine Griezmann como principal estilete ofensivo, asentado en su buena temporada en el Atlético de Madrid y, sin Benzema, convertido en el principal referente en ataque.

Pese a que solo tiene 25 años, Griezmann pone rostro a la nueva selección francesa, en la que también destaca al juventino Paul Pogba, otro de los hombres llamados a impulsar a Francia hasta lo más alto.