María Butina, la espía rusa que se infiltró en EE.UU. con Google Translate

María Butina, la espía rusa que se infiltró en EE.UU. con Google Translate
Acusada de actuar como una agente de Rusia sin el debido registro oficial, un tribunal federal condenó este viernes a Butina a 18 meses de cárcel (Foto: Captura)

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Redacción Peru.com27.04.2019 / 10:29 AM

María Butina viajó desde Moscú hasta Washington con una visa de estudiante, un documento que le permitió infiltrarse en las estancias más altas del poder estadounidense gracias a sus dotes de seducción y buen manejo del traductor de Google, hasta que su misión se torció y fue condenada a prisión.

Acusada de actuar como una agente de Rusia sin el debido registro oficial, un tribunal federal condenó este viernes a Butina a 18 meses de cárcel.

El pasado diciembre, la espía se declaró culpable de conspirar contra Estados Unidos y trabajar para Rusia, a pesar de que el propio presidente ruso, Vladímir Putin, ha negado en varias ocasiones que Butina haya colaborado con los servicios secretos ruso donde, según esa versión, nadie sabe “absolutamente nada de ella”.

La condenada, de 30 años, se mudó a Washington en 2016 con una visa de estudiante presuntamente solicitada como parte del entramado de Rusia, momento en el que las autoridades de EE.UU. comenzaron a seguirle la pista.

Instalada en la capital estadounidense, la agente rusa tejió una red de influyentes contactos en EE.UU. que le llevaron hasta el “lobby” más poderoso de las armas, la Asociación Nacional del Rifle (NRA), donde se presentó como una activista rusa en defensa de su causa.

A Butina pudo vérsela en fotografías junto a la directiva de este grupo de presión y con miembros del Partido Republicano del que forma parte el presidente Donald Trump, con quienes buscó establecer canales de comunicación informales de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

Su compromiso con la tarea le llevó incluso a mantener una relación sentimental con uno de sus contactos estadounidenses, el asesor del partido Republicano Paul Erickson.

Los investigadores constataron que el romance era solo un trámite dentro de la supuesta operación de Butina, quien en intercambios de mensajes con otros sujetos había expresado su desidia por tener que vivir con esa persona.

En el contexto de esa conversación, la condenada llegó a ofrecer servicios sexuales a otro individuo a cambio de un puesto en una organización con influencia.

Butina conoció a su expareja Erickson varios años atrás, en 2013, cuando el asesor republicano viajó a Rusia e intercambiaron sus contactos.

Desde entonces, la rusa se preparó para la misión, al tiempo que mantenía conversaciones con el estadounidense gracias a la herramienta de traducción del gigante tecnológico Google.

Con este traductor, Butina compartió con Erickson un plan para ayudar al Partido Republicano a ganar las elecciones de 2016.

Impulsada por su interés en la victoria de Trump, la espía viajó a EE.UU. en 2015 para acudir a uno de sus mítines como candidato a la nominación republicana.

Butina preguntó desde el público a Trump sobre su posición respecto a las relaciones con el Kremlin, a lo que el magnate bromeó y auguró que se “llevaría bien con Putin”.

Cuando admitió su culpabilidad ante las autoridades estadounidenses, Butina explicó que había opciones importantes de que un candidato republicano ganara los comicios presidenciales y por ese motivo trató de acercarse al equipo de Trump.

Durante la audiencia, la acusación mostró una imagen de Butina en la que se le apreciaba en un restaurante con un presunto espía ruso y otra fotografía en la que aparecía cerca del Capitolio durante la toma de posesión de Trump, en enero de 2017.

Mientras su influencia en los círculos de poder estadounidenses escalaba, la espía consiguió graduarse en relaciones internacionales por la American University de Washington.

En esa universidad se dieron los primeros deslices en la compleja trama urdida por Butina, ya que, según narraron sus compañeros a los medios de comunicación locales, la espía-estudiante se emborrachó en al menos dos ocasiones diferentes y se jactó públicamente de sus contactos en el Gobierno ruso.

En ambas circunstancias, sus compañeros alertaron a las fuerzas de seguridad, que supuestamente ya andaban tras su pista desde el momento en el que pisó suelo estadounidense.

Fuente: EFE



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