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¿Cuáles son las 12 reglas para caminar en el malecón? Entérate aquí

Como toda región que ha sido bendecida con la presencia del mar, nuestro extenso litoral es visitado en estos meses por lindas mujeres. Lee los tips.

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  • Son ellas quienes mejor cuidan las apariencias. (Foto: Xdesktopwallpapers.com)

Lima. En esta fiesta todos han sido invitados, pero solo quien siga estos consejos brillará como el sol.

1 Percha de capitán. No se hagan los suecos, señores, que nadie se deja ver en un balneario luciendo las chancletas con las que se sale a comprar el periódico. La moda playera tiene sus propias reglas, y en nuestro territorio marítimo nadie las obvia.

2 Percha de sirena. Por más que ellos traten de verse como príncipes de Mónaco, son ellas quienes mejor cuidan las apariencias. Para caminar por el malecón cual reinas de luau, resultan indispensables el sombrero de ala ancha que las proteja del sol.

3 Todas las cremas. Hemos defendido el uso del bloqueador en numerosas oportunidades, y no nos cansaremos de hacerlo. Una piel bien cuidada por un bloqueador discreto, ubicado en zonas estratégicas del rostro y el cuerpo, es lo ideal.

4 ¡No pasa! Dichoso aquel surfista que luce un cuerpo mejor esculpido. Para la inmensa mayoría de hombres, ninguna se va a fijar en una barriga andante cuando la oferta es liderada por quienes se jactan de sus músculos; por eso, todo defensor de la cultura etílica debe sacar pecho y meter la panza cuando camina cerca al mar… No vaya a ser confundido con un cachalote varado en la orilla.

5 Antojitos peligrosos. Ellos sienten debilidad por la cerveza y el cuba libre cuando se encuentran frente al mar. Ellas, en cambio, suelen asociar la playa con un delicioso helado. Verlas caminar mientras toman uno puede ser una imagen de lo más agradable, pero es de cuidado si las encontramos persiguiendo todos los días el carrito del heladero.

6 El secreto de sus ojos. Los lentes de sol no solo se inventaron para atenuar los rayos del sol, sino para que las chicas no sepan hacia dónde se dirige la mirada de un caballero. Ocurre que, cuando en su camino se cruzan un sinfín de cuerpos esculturales y bronceados, el común de los mortales termina con los ojos fuera de órbita. Para no pasar vergüenza, uno debe aprender a ocultar la impresión detrás de las lunas polarizadas.

7 Fría como el viento. La táctica del desprecio atrae a un hombre como abeja al panal. Por eso, la muchacha que camine por el malecón deberá hacerlo como si de una pasarela se tratase: a paso firme y con la mirada clavada hacia el horizonte, haciendo caso omiso de todos los transeúntes que volteen a mirarla.

8 El único privilegiado. Hay excepciones a la regla, pues a la muchacha de expresión gélida solo se le permitirá esbozar una tímida sonrisa dedicada a aquel galán que, después de haberla cortejado, supo ganarse su simpatía.

9 Las bicicletas son para el verano. Cuán seductor resulta para un hombre ver a una muchacha montar su bicicleta cerca del mar. Siguiendo el último grito de la moda, no pocas prefieren calzarse los patines, pero el efecto es igual de magnético. Algunos caballeros, embobados al verlas pasar, quedan paralizados y son embestidos por las conductoras que no logran frenar. Otros, más desesperados, se lanzan a las ruedas en afán de una posible conquista.

10 Reyes de las olas. Aquellos muchachos de naturaleza anfibia siempre caminan con la tabla bajo el brazo. Las chicas no solo se fijan en el físico que ellos exhiben con el wetsuit a medio vestir, sino también en la valentía que requiere enfrentarse a la bravura del mar.

11 Registro sanitario. Muchos defienden el look desprolijo para gozar en la playa, pero lo cierto es que en el malecón un mínimo de pulcritud será bienvenida. Ver a un peatón sacudiéndose los cerros de arena que lleva en el cuerpo, o a la muchacha que al salir del mar tiene una estrella de mar pegada en el pelo, puede espantar a más de un ortodoxo.

12 El justo medio. Pero ningún extremo es positivo en la playa. Apenas se aviste en el malecón a un paseante que camine con un atuendo de blancura papal, con las manos en los bolsillos y una expresión en el rostro que se traduce en “todo lo que esté al alcance de la vista me pertenece”, este se convertirá en el objetivo perfecto de los muchachos que salgan a jugar carnavales con sus globos bien inflados de agua y sustancias de dudosa procedencia. Y bien merecido se lo tendría.

Fuente: Ellos y Ellas

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