Desde la ley Bosman en 1995, el fútbol se globalizó de tal forma, que la mayoría de equipos pueden contar con jugadores de todas partes del mudo, algunos como los que provienen de los países de la Comunidad Europea, no ocupan plaza de extranjeros, cosa que también han favorecido a los sudamericanos, muchos con raíces europeas, especialmente españolas e italianas.