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Eva Bracamonte: Lee aquí su relato dramático de sus días en el penal Santa Mónica

La joven, desde el penal Santa Mónica, cuenta y describe sus días de encierro. “Hay algunos días en los que no estoy tan introspectiva como de costumbre”.

pinteres Eva Bracamonte: Lee aquí su relato dramático de sus días en el penal Santa Mónica
  • Eva Bracamonte cuando recién empezaba el carnaval mediático. (Foto: Cortesía Caretas)

Lima. “Diccionario Enciclopédico de mi universo. Hay algunos días en los que no estoy tan introspectiva como de costumbre. En esos momentos me gusta salirme un poco de mí misma y convertirme en una observadora de todo esto: mirar todo desde afuera, mirarme a mí misma y a lo que me rodea y compararlo con otros tiempos, con épocas en las que mi vida era más parecida a la de “todos”.

Para mí la cárcel no es solo “otro lugar” o “un lugar detrás de rejas y muros”. Esto es una mezcla de vivir en una isla con kilómetros de agua alrededor con lo contrario: seres sin vida propia, metidos en un videojuego que maneja gente que ni conocemos. La sensación de pertenecerle a alguien que no eres tú mismo es locaza.

Hoy lloré y ojalá mañana pueda estar todo el día en la cama. Desperdicio mi vida. Buenos días tristeza todas las mañanas de todos los días de mi vida. ¿Por qué? Puta madre, ya pues me provoca decirle a la vida. ¿Me tocará en algún momento algo mejor?

FINGIMOS LA PRIVACIDAD. A las nueve de la noche es el “encierro”, es decir, cada una a su cuarto y chau hasta las seis de la mañana del día siguiente. Los cuartos miden menos de dos metros por uno ochenta y en cada uno duermen dos personas. La otra noche, después de que nos encerraron, escuché a Mile llorar.

Mile es mi compañera de cuarto hace una semana y recién nos estamos conociendo, entonces yo no sabía qué hacer. Por un lado sentía el impulso de acercarme, preguntarle y abrazarla, pero por otro sentía que quizás quería un poco de “privacidad”. Obviamente no podía dársela porque estábamos encerradas en un cuarto de dos por medio, en el silencio y la oscuridad de la noche.

PARA CECI
Cuando llegó Ceci me cayó bien desde el comienzo, como todas las personas que tienen sonrisa fácil. Vivimos juntas unos meses, conocí a sus hijitas, de 6 y 8 años y a su esposo, que la adoraba. Nos reíamos un montón juntas, y algunas vececitas también llorábamos. Luego ella cocinaba algo rico y se nos pasaba.

Cuando le empezaron los dolores de cabeza por el estrés y eso, Ceci seguía tan risueña como siempre, me llamaba “pajariiito” con su dejo de la selva, todo alegrón. Lo raro era que, aunque intentaba no quejarse, veíamos que no le pasaba el dolor. Un día la llevamos al tópico y le pusieron un collarín. Las semanas fueron pasando rápido (como pasa el tiempo aquí) y a Ceci el dolor empezaba a bajarle por la nuca. Un día se levantó y no podía caminar, así, de la nada.

En esa época estaba Ana cerca de nuestras vidas y gracias a Dios logró que a Ceci le dieran un indulto humanitario dos semanas antes de que muera, en su casa, con su esposo y sus hijas.

VIRGINIA SE DESVISTE. Ayer me levanté un poco tarde, cuando ya escuchaba a la gente gritar “CUEEEENTAAA” (lo que significa que todas 130 bajamos al patio y nos pasan lista). Me lavé la cara, me cambié al toque y bajé. Como vivo en el tercer piso, tengo que esperar casi hasta el final de la lista para decir “presente” e irme y normalmente demora más aún porque mantener en silencio a 130 personas (encima mujeres) a las ocho y veinte de la mañana al parecer no es nada fácil, unas hablan, otras gritan, algunas chismean, otras se quedaron dormidas.

Virginia hace esto cada vez que algo no le parece, es una forma graciosa de rebelarse. Por ejemplo, hace tiempo el INPE estuvo en huelga y no dejaron entrar a las visitas durante varios días seguidos. Cada mañana en que Virginia se enteraba que “de nuevo” no habría visita, le entraba la rebelión y zas! Otra vez la ropa al suelo. Como ella dice: “la cárcel no mata, pero aloca”.

EL AGUA FRÍA NO ME MOLESTA
Durante tres años me había acostumbrado a bañarme con baldecito, como la situación lo amerita. Cuando salí al arresto domiciliario y me bañé en una ducha por primera vez después de tanto tiempo, se me llenaron los oídos de agua y me dolió horrible como por una semana. Tenía que bañarme con tapones. No sé a qué se habrá debido, ni le encuentro explicación lógica. Quizá por la falta de práctica hice movimientos de cabeza que uno aprende a no hacer cuando se baña, con el tiempo. La verdad no me lo explico. Ahora cada vez que puedo bajo a bañarme en alguna de las dos duchitas comunales que hay en el patio.

EL PRIMER PEDIDO DE VARIACIÓN ES COMO “EL BAUTIZO” (GAJES DEL OFICIO). Ninguna de las que tenemos acá varios años, ni yo con tres, ni Virgi con 13, ni Fran con 5, ni Shylla con 8, hubiéramos aguantado el encierro si desde que llegamos hubiéramos sabido que íbamos a quedarnos esta cantidad de años o más. Entonces cuando las bienaventuradas nuevas nos cuentan cómo es que ya se van en una o dos semanas nosotras escuchamos y decimos: “Ay… ¿sí? Ojaláaa…”, pero nada más. Ya estaremos con ellas para abrazarlas cuando lo necesiten.

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